TESORO IBÉRICO
Tesoro de D. Benito
 


El Tesoro de Torre de Juan Abad se expone al público en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, sala 19 (Mundo Tartésico, Colonizaciones y Mundo Ibérico), expositor 27, junto a los tesoros de Mogón (Jaén) y Menjíbar (Jaén). La colocación de las piezas de estos tesoros es desordenada y puede confundir al visitante sobre la procedencia de las piezas.



El día 4 de diciembre de 1934, D. Benito Martínez Santos, al practicar faenas agrícolas en el cerro denominado Cabeza de Buey, término municipal de Torre de Juan Abad, descubrió un conjunto de piezas de plata, tan sólo 6 días después de su descubrimiento fue adquirido por el Museo Arqueológico Nacional, por la cantidad de dos mil quinientas treinta y cinco pesetas; el lote.

El señor Martínez tropezó con el arado con un vaso lleno de monedas, debajo del cual aparecieron las piezas que componen aquel tesoro. No había a la vista restos de construcción alguna, ni indicios de vivienda. Sí se recogió la noticia de que anteriormente se encontró un cencerro lleno de monedas de oro.

El tesoro ofrece la particularidad de no tener mezcla de objetos de diversas épocas o decididamente romanos, pudiéndose asegurar que corresponde a la industria ibérica. En el cuenco donde estaba el tesoro, había además de algunas piezas de la que componen el tesoro, 480 denarios de los siglos III al I a.J.C., monedas que dan la fecha de la ocultación, no anterior al año 89.
Las piezas, por tanto, pueden ser de distintas fechas; pero son todas típicamente hispánicas, correspondientes a la Tène II (300 a 100 a.J.C.), en su primer siglo, escondidas después del año 89 a.J.C.


PIEZAS QUE COMPONEN EL TESORO DE TORRE DE JUAN ABAD

El tesoro de Torre de Juan Abad está compuesto por: un vaso de plata en forma de cuenco, cuatro torques de plata, tres de los cuales presentan una forma trenzada, un brazalete, una fíbula zoomorfa y 480 denarios romanos encontrados dentro del cuenco. 

 


-  Vaso de plata en forma de cuenco, casi cónico, liso, a excepción del borde, que por su parte inferior presenta una moldura. Diámetro en la boca 142 milímetros por 83 milímetros de altura. Peso 321 gramos. Este vaso no tiene pie y habría que sujetarlo con las manos durante su uso. Para su fabricación se usaría un disco de plata fundida, posiblemente en molde, que tenía un reborde o moldura, dándoles a martillo, la forma que ostentan y quedando ese reborde moldurado en el interior del vaso.


Torques de plata, trenzado sencillo, más grueso al centro, con los extremos rotos, uno con restos de la parte en que llevó la presilla para su suspensión. Mide 125 milímetros de diámetro y 510 milímetros de desarrollo. Su peso es de 91 gramos.

Torques de plata trenzado, semejante al anterior, mide 125 milímetros de diámetro y 510 milímetros de desarrollo; pesa 98 gramos.

-   Torques o collar de plata, de labor trenzada, en mal estado de conservación ya que fue enrollado para entrar en el cuenco y del cual nos faltan los extremos. Mide 11º milímetros de diámetro y su desarrollo es de 114 milímetros. Pesa 174 gramos.

-   Torques o collar, constituido por una barrita de plata con adornos en su parte central, más gruesa que los extremos, que terminan en un botón. Mide 128 milímetros enrollado y 546 milímetros en desarrollo.

Brazalete de plata, formado por un aro macizo, en cuyo centro lleva un adorno resaltado y cuyos extremos pueden interpretarse como cabezas de serpiente. Mide en su diámetro mayor 98 milímetros y si desarrollo es de 375 milímetros. Pesa 68 gramos.
 

Fíbula o imperdible de plata, con restos de dorado y figuras. Está formada por un cuerpo de arco, al que va soldada, en la parte superior, otra pieza arqueada para el enganche de la aguja, que está desprendida por rotura, del muelle en espiral que se unía al píe de la fíbula. El primer arco presenta las figuras de dos cabezas de cuadrúpedos, de una de las cuales, en la parte soldada, arranca una de ave, y de la otra sale de su boca el arco del enganche. Mide 83 milímetros y pesa 69 gramos.
 



En le verano de 1986, Ramón Martínez Guerrero, hijo de Don Benito,  escribió un artículo para la publicación local Montesinos editada por el área de cultura de la diputación provincial de Ciudad Real. El artículo se titula “Los 52 años del Tesoro de Benito” y nos relata paso a paso el descubrimiento llevado a cabo por Don Benito Martínez.

En el relato encontramos nuevos datos sobre la ubicación del tesoro, que vamos a transcribir literalmente “Recuerdo que aquellos días helaba mucho, hasta el punto de que la tierra se congelaba, impidiendo que los gañanes pudieran labrar. Por tal motivo mi padre ordenó reunir los montones de piedra (ya existentes cuando desmontaran la finca por primera vez( y hacer uno de cada tres) para disponer así de más tierra útil. Y así en la base de uno de estos montones ocurrió el hallazgo.”.

Ahora sabemos que el tesoro había permanecido a salvo de arados gracias a estar ubicado bajo un montón de piedras, pero este no es el único dato que descubrimos en el artículo: “En la base del cuenco se encontraron también cinco brazaletes y dos alfileres de pecho, todo esto de gran tamaño”. Aquí se mencionan dos alfileres de pecho (fíbulas) pero al museo sólo llegó una; nunca sabremos si hubo una o dos fíbulas en el Tesoro de Torre de Juan Abad pero no sería del todo improbable, por ejemplo el Tesoro del Perotito (Santiesteban del Puerto, Jaén) con una cronología muy similar al de Torre de Juan Abad, incluye dos fíbulas con motivos zoomorfos.


Álvarez-Ossorio estudió este hallazgo, publicándolo en el Archivo Español de Arqueología en 1945. Este es el documento más reciente que he encontrado acerca del tesoro. Su autor comenta que es posible que las piezas encontradas sean incluso anteriores a las fechas dadas por las monedas más antiguas, pero que se incluirían dentro de los prototipos de La Tène II.
 


 

MOTIVO DE LA OCULTACIÓN DEL TESORO

La causa que motivó la ocultación de este tesorillo es de difícil determinación. En general todos los hallazgos monetarios que conocemos obedecen a ocultaciones en tiempos de guerras: como fueron la segunda guerra púnica, los levantamientos de los íberos contra Roma; los levantamientos de los íberos del 98 al 94 a.C.; las guerras sertorianas, etc.

Los denarios datados en los años 82-81 y 79 a.C.; respectivamente, quedan aislados y separados de los denarios anteriores, y lógicamente son una intromisión no aceptable en el tesorillo.

Quedando por tanto el año 105 a.C. como el correspondiente al último denario del tesoro, debiendo obedecer su ocultación a algunos de los hechos militares acaecidos con posterioridad a esta fecha, como pueden ser los levantamientos de los íberos de hasta el 98-94 a.C.